jueves, 21 de julio de 2011

Conocer caminando.

Detenernos en el trayecto de la semana para viajar al interior de un barrio con historia.
Lo cuadrado, los trazos, las lineas que detienen la trayectoria. Un mapa, un viaje al interior del hedor y la pulcritud de la urbanidad de Rosario.
Un libro abierto, un barrio que se nombra y se recuerda.
Aire gris, invierno amurallado, bloques que son cercados, vida sin color, repetidas paredes, economía de escala, concentración masiva en pilas de ambientes similares.
Manzanas, calles, parques... diseños, arte, frio, cálido...
Marcas de identidad, reconocimiento del lugar, apropiación de los espacios, huellas que describen los pasos.
Una estación, una parada, ¿cuántos inicios de viajes desde el mismo lugar?
Obeliscos, monumentos, cilos o tanques de agua, obsesión de íconos fálicos para imponer el relieve del plano.
Comunidad en un habitat para para la convivencia...
Puerta a la calle, puerta al centro de la manzana...
Frentes de casas a los transeuntes, frentes de casa a los vecinos.

Carril... tren... hilos... Acindar a un costado de la Villa.
Vía que separa la historia del barrio, canaleta que traza un límite, bordes que son fijados como el hierro de las casas, donde antes fue la fabrica, hoy es memoria.

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